La musica

En el ámbito de burlesque – como en todo el mundo del espectáculo – existe una compleja terminología técnica, tendencialmente ignorada por el público, pero compartida y comprendida perfectamente por los adeptos al tema. Dos palabras fundamentales son to grind y to bump. La primera indica la rotación de las caderas y senos, la secunda el golpe del abdomen.

Alrededor de la mitad de los 1900, la expresión bump & grind servía a designar el estilo desenfrenado de artistas afroamericanos de rhythm & blues, uno de los géneros musicales Americanos. En el momento de su máximo desarrollo, el burlesque tenía una típica melodía sonora jazz, tocada en directo por las pequeñas orquestras. Las producciones más grandes, que se podían permitir las big band con poderosas secciones de los instrumentos al viento, giraban también alrededor del swing. Son dos las melodías inevitables de la época, auténticos clásicos: Harlem Nocturne de Earle Hagen, y The Stripper de David Rose. Este último era un director de orquestra de la M-G-M, muy activo en el campo cinematográfico y televisivo (firmó el musical de la famosa serie televisiva La casa de la pradera); el autor era, en pocas palabras, ya famoso, pero fue The Stripper que lo consagró Rey del strip-music. Otro autor de referencia fue Sonny Lester, saxofonista y director de orquestra, que compuso las melodías del mítico álbum Ann Corio presents: How to Strip for Your Husband – Music to Make Marriage Merrier: cosecha cuyo objetivo era clarísimo al final del título y que contenía canciones como Regal (Theme for Gipsy), dedicada a Gypsy Rose Lee, llena de inequivocables Bumps & Grinds.

La música que acompaña las exhibiciones de las artistas del neo-burlesque depende, naturalmente, de las preferencias y gustos de las artistas. Algunas se quedan cercanas a la tradición, muy a menudo se recuperan las melodías de la época, tocadas en su versión original o por la banda en directo. Dependiendo del ambiente, hay quien prefiere un gusto más exótico: en el escenario, tiki de cartón e hibisco de plástico; la artista vestida de sarong con collares de flores; de fondo, la increíble voz de Yma Sumac y los sonido hipnóticos de Martin Denny.

Pero no faltan quienes prefieren dar un toque más agresivo a la actuación, con una banda sonora rockabilly que, aunque con las raíces fuertemente apoyadas en el territorio común del blues, admite movimientos más afinados. Muy escuchadas son, por ejemplo, las canciones de The Cramps o de los Fuzztones, que a su vez han declarado muy a menudo que su música está inspirada en los iconos sexy como Bettie Page. Al final, hay aquellos que se distancian totalmente de la influencia cultural originaria para experimentar cualquier tipo de música que pueda estimular la creatividad, sea esta clásica, metal, pop, grunge y otras.

Los puristas replican negativamente a este tipo de libertad musical, sosteniendo que solo el uso de música compuesta antes del 1960 puede hacer de banda sonora durante una actuación de burlesque. Personalmente, en cuanto a nuestro gusto, nos hace preferir los fondos musicales vintage, aunque estamos convencidos que la experimentación – sea musical, sea de otros puntos de vista –es el único modo de mantener en vida y hacer crecer un género que, si es mera réplica de periodo afortunado, arriesga a ser solamente una momia y, antes o después, nuevamente olvidado.

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